Obsertatorio Metropolitano de Seguridad Pública

Sacamos la cuenta de cuánto nos cuesta el crimen. Y el resultado es preocupante

15 de Junio del 2017

Estiman que el costo del crimen asciende a 3,55% del PIB de la región en 2014, lo cual equivale a unos US$170.000 millones de 2014 (US$261.000 millones en dólares internacionales –en paridad de poder adquisitivo).

¿Le robaron su celular en el último año? ¿Tiene un familiar que fue asaltado violentamente, o asesinado? La respuesta es probablemente sí, ya que uno de cada cuatro habitantes de América Latina y el Caribe fueron víctimas de un crimen. Actualmente la tasa de homicidios de la región es cuatro veces la tasa global, siendo la región más violenta del mundo.

Ahora sumemos el costo de los homicidios, los daños ocasionados por todos los robos, todos los asaltos, el lucro cesante de aquellos que fueron asesinados, los ingresos que no generan los encarcelados, lo que gastamos en policías, en tribunales para que procesen casos criminales, y lo que gastamos todos nosotros, las empresas y los hogares en protegerse al crimen.

Eso es precisamente lo que hicimos en nuestro último estudio, Los costos del crimen y de la violencia: Nueva evidencia y hallazgos en América Latina y el Caribe.

El resultado da pie a tres preguntas.

  • ¿Qué tan grande es el costo del crimen y la violencia?
  • ¿Qué impacto tiene en el desarrollo de los países?
  • Y ¿qué nos dice el costo del crimen sobre nuestras políticas para combatirlo?

En este blog, el primero de una serie basado en nuestra publicación, contestaremos las dos primeras preguntas.

¿Qué medimos?

La contribución del estudio es medir en forma sistemática y comparable los costos del crimen para 17 países de la región, y en Brasil además hicimos los cálculos para cada estado. Utilizamos una metodología que computa pérdidas y gastos incluyendo el gasto público en seguridad (policía, justicia, sistema penitenciario), gasto privado de hogares y firmas y el costo social del crimen (por victimización y por el
ingreso no generado de los privados de libertad).

Estimamos que el costo del crimen asciende a 3,55% del PIB de la región en 2014, lo cual equivale a unos US$170.000 millones de 2014 (US$261.000 millones en dólares internacionales –en paridad de poder adquisitivo).

Estas estimaciones son conservadores porque incluyen esencialmente los costos directos del crimen y hay toda una serie de costos indirectos o intangibles que no hemos tenido en cuenta para poder comparar los países. Es decir, no medimos la pérdida del valor de las propiedades por las altas incidencias de homicidios, o el cambio en el comportamiento de las personas por cuenta del miedo al crimen. Puede leer algunos costos indirectos en este estudio anterior.

Para darles un orden de magnitud, lo que cuesta el crimen en la región es

  • aproximadamente equivalente al ingreso del 30% más pobre de la región,
  • casi lo mismo de lo que la región gasta anualmente en infraestructura.
  • suficiente para reducir en casi la mitad el rezago habitacional de la región
  • suficiente para duplicar los gastos en niñez (de 0 a 12 años)
  • suficiente para mitigar la crisis alimentaria mundial y terminar con el hambre mundial por 5 años
  • cuatro veces lo que gasta la región en innovación.

Está claro que el costo del crimen es gigantesco. Si cree que es quimera soñar con eliminar el costo del crimen, veamos algo más real: en seis países desarrollados que también incluimos en el estudio el costo del crimen es la mitad que en nuestra región. ¿Qué ocurre si bajáramos el costo del crimen al promedio de seis países desarrollados? América Latina y el Caribe podría disponer de US$85.000 millones al año para programas que favorezcan el desarrollo (US$130.000 millones en dólares PPP). Eso más que cuadruplica el monto que los gobiernos pagan para las transferencias condicionadas para las familias necesitadas.

El estudio también destaca los elevados costos de las altas tasas de encarcelamiento en América Latina y el Caribe. Para el período 2010-2014, la región gastó US$6.500 millones al año para construir y mantener cárceles. Los individuos encarcelados sumaron ingresos cesantes de US$7.300 millones al año. Ambas cifras superan la suma que los gobiernos transfieren a los programas principales de reducción de pobreza en la región.

A veces las estadísticas valen más que mil palabras, aunque no hay que olvidar que detrás de cada número hay mucho sufrimiento y vidas perdidas. Pero vemos con más claridad la enorme cantidad de recursos disponible si logramos sociedades con menos delincuencia. Los gobiernos de la región de la región tienen claras ganancias de bienestar si implementaran políticas que pudieran reducir el costo del crimen. En el próximo post abordaremos precisamente las conclusiones que sacamos de los números para hacer políticas públicas más efectivas.

Fuente: Blog Sin Miedos - BID